Marie Kondo
El tiempo es una habitación vacía. Vacía de cuadros, de muebles, de electrodomésticos, ni Punktal ni Panasonic caben allí. Es una habitación vacía de techo, de paredes y de piso, es más, tiene tanto espacio, que ya ni el mismo espacio entra.
Una habitación vacía, con una sola puerta. Siempre abierta. Una puerta roja como la sangre, o como el logo de Ta-Ta, que es peor. El marco de esa puerta me sigue siempre que intento atravesarla, y aunque quiera, se me hace imposible dejar de intentarlo. Es como si me hubiera puesto el saco con la percha adentro, y arrastrara el perchero sobre mis hombros para todos lados.
Eso es el tiempo, la pesadilla de Marie Kondo, o la in-evidencia de Dios. Y nada más que esto es el presente: Una percha sobre mis hombros.