
Hacía años que no tocaba las acuarelas. Pintar con acuarelas implica pintar con agua, literal: manchas que se escurren y se mueven casi por una voluntad independiente de la de uno. Hacía años también que no publicaba algo hecho en el día; enroscado viendo leones pero soñando quimeras, había perdido un poco eso.
Ese día me armé el mate y me fui con las acuarelas al Parque Batlle. Una señora se acercó y me dijo: “¡Qué lindo! ¿Le puedo sacar una foto?”. “Sí, claro”, le dije, mientras me movía del medio. “Está precioso, te debe gustar mucho. Felicitaciones.” Y se fue.
Me hizo bien. Fue un “me gusta” diferente: de tapabocas y al sol.
