El aljibe
Nunca antes me había sentido tan desnuda. Ni en el medio de una orgía, ni saliendo del canal de parto de mi madre. Nunca antes me había sentido tan en tetas, aún estando tapada hasta la pera. A su vez, nunca me había sentido tan libre como cuando me vi repartida en esos 2.425 caracteres. Vi que estuviste en línea mientras escribía cada una de las palabras, y, aunque dudo que justo vieras el “Escribiendo…” de mi chat, algo en mí lo deseaba inmensamente, como para que tengas el changüí para resguardarte previo a la avalancha de nieve que caería desde mi montaña.
¿Cuándo apareció este aljibe en mi cama? Este aljibe negro y profundo, este aljibe frío, lleno de agua de mar: hoy te escribo desde el fondo, y es la boca del mismo el celular que desde la superficie me ilumina la cara.
Escribí desnuda de alma, así como la primera vez que me miraste, en completo trance: las palabras fluyeron como una lluvia que mojaría la desértica tierra de tu antifaz, quiero romperlo: intento evocarte. Una sensación de vacío dio al mensaje por terminado, y el dramatismo romántico que me caracteriza me obligó a firmarlo con ese apodo con el que me llamabas cuando nadie más veía.
[Silencio: plano detalle a mi dedo pulgar derecho inmóvil frente al botón de enviar. Toda la escena transcurre en blanco y negro, y solo se puede escuchar el paso del segundero que, con una reverberación exagerada y de mal gusto, pretende hacer notar a lxs espectadorxs el paso del tiempo.]
En un acto de locura mandé el mensaje. No les voy a mentir, nunca me tiré en paracaídas, pero estoy segura de que debía parecérsele mucho a esto. Apenas lo mandé todo fue ausencia: volví a la escuela, no sé. Un tick, adrenalina, “aún puedo borrarlo”, pienso. ¡No! Sería como abrir el paracaídas antes de la propia caída libre. “Lo borro y digo que me equivoqué de chat”, me contengo. ¿Qué sentido tiene? Segundo tick. ¿Para qué mierda me subí al avión? Claro: para volar. Dos ticks azules. Ya nada importa.
Sin la mochila salgo del aljibe, y me acuesto tiritando de frío en el lado no mojado de la almohada. Tu silencio honra al luto de algo muerto, y el impávido chat me convence de renunciar a la idea de tener noticias tuyas.
Solo venía a buscar mis ropas: y agradecerte el lugar en tu armario. El lugar en tu armario. El lugar en tu armario. El lugar en tu armario. Solo quería despedirme y vestirme antes de cerrar la puerta.
Con amor, Pocholita.